El perro de compañía

El perro ha jugado un papel muy importante ofreciendo su compañía desinteresadamente; incluso en el campo del ofrecimiento de su afecto el hombre debe mostrarle vivamente su reconocimiento; ¡cuántas personas solas han sido queridas por un perro pequeño!, ¡cuánto calor ha llevado a familias afligidas! Gracias a él, personas que ya no creían en el afecto han renunciado al suicidio; él ha devuelto el valor a ciertas pobres vidas, solamente aportando la devoción, su presencia de ser vivo, o con la cola que se mueve en señal de amor por la vida. Muchos perros de compañía actualmente de moda provienen de las razas de utilidad. Se trata de los «ex», como el Caniche, ex perro de muestra y de aguas; el Dálmata, ex cazador; el Fox Terrier, ex cazador en madrigueras. Pero cualquier perro, pertenezca a la raza que sea, grande o pequeño, puro o mestizo, además del instinto de cazador o de guarda, sabe siempre ofrecer su compañía, cordialidad y honestidad.

Casi todos los perros de compañía son de talla media, pequeña o enana. Ciertos criadores, para hacer más graciosos los llamados «toy» (perros juguete), han reducido sus dimensiones de modo excesivo, llegando a obtener perritos de un kilo de peso, delicados y neuróticos; es necesario desconfiar de estas alteraciones.

Desde el 1600 hasta hoy los perros de compañía han sido merecedores de crecientes éxitos. A su difusión han contribuido, especialmente en Gran Bretaña, el rey y la reina. Era suficiente que un soberano adquiriera un cachorro, apareciera con él en público y los periódicos hablaran, para que inmediatamente la raza se pusiera de moda y los criadores tenían trabajo para hacer frente a todas las demandas.

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